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La extraordinaria vida de Pascual Iturralde contada por sus amigos
Jueves 09 de Abril, 2015


La extraordinaria vida de Pascual Iturralde contada por sus amigos



 

Por: Gustavo Agudelo 
Escritor  

 



De Pascual Iturralde se pueden decir muchas cosas, que medía 1.72, que era catalán y que llegó al país huyendo de Franco y de la Guerra Civil. ¿Español? Bueno, la verdad no sabría decirle pero sí, quizá en su forma de hablar había algo que siempre me recordaba a los actores de esas películas porno que solo decían ¡Vamos, dale! U ¡Oh sí! Y que solía prestarles a sus amigos más cercanos. No es cierto que fuera español y mucho menos catalán y él mismo me dijo que lo único que tenía de catalán era un afiche de Joan Manuel Serrat que tenía pegado a la pared de su habitación y que un día rompió en pedazos para armarse un buena docena de porros con los que pasar el rato. Fumaba varias cajetillas al día y uno sabía que andaba cerca porque el aire se llenaba de un olor a tronco quemado tan inconfundible que todo el mundo decía: “Huele a Pascual”. Olía a cebollas rancias pasadas por agua pero no era su culpa, ¿sabe? El pobre Pascual heredó ese olor al dormir con su madre hasta los trece años en una habitación  sin ventanas. Dicen que vio morir a su madre y que se negó a llamar a un médico cuando la vieja todavía podía salvarse y prefirió fumar marihuana a su lado hasta el amanecer. La ahogó con la almohada hasta que su madre dejó de sacudir las piernas y luego le quitó los zapatos y se los obsequio a una puta del centro de la que vivía enamorado. ¡Calumnias! No he conocido a un hijo más abnegado y cariñoso con su progenitora como lo era Pascual y siempre guardó un luto riguroso en su homenaje. Andaba en malos pasos, muchos dicen que la muerte de su madre no fue natural sino un horrendo homicidio que le permitió ser aceptado en una de esas sectas satánicas que comenzaron a tomarse la ciudad en la década del ochenta. Nos alejamos de él cuando, según cuenta el carnicero del barrio, prefirió consumir la carne cruda y hablar en una lengua extraña, como si estuviera poseído. Hablaba en catalán como una forma de sentirse cerca de su pueblo, de su gente e incluso quiso enseñarnos pero ninguno aprendió, ya ve usted lo brutos que somos aquí. No sé quién sea el tal Pascual porque nunca les pregunto el nombre a mis clientes pero le puedo asegurar que ninguno me ha regalado nada, ni siquiera los zapatos de una muerta. ¿Catalán? Pff, por favor, ese cuento de la Guerra Civil lo sacó de alguna novela de Hemingway o de Almudena Grandes que se robaba de las bibliotecas y luego iba y las vendía en la librería judía del centro donde aparecía dos veces por semana antes de irse para el pueblito donde vivía. ¿Usted conoció a Pascual Iturralde? ¡Buen tipo, como pocos! Dios lo tengo en su santa gloria y lo bendiga por todas las cosas buenas que hizo. Era un vago, un maldito buscapleitos que le gustaba acostarse con mujeres ajenas, la mía o bueno, la que era porque le supo a…bueno, el caso es que era un sinvergüenza que debe estar sufriendo en el quinto círculo del infierno. Iturralde era marica, sin duda, ¿nunca lo vio sentado en el parque pendiente del culo de los que pasábamos todos los días por ahí? Tenía un amorío con el muchachito que trabajaba en la librería del judío. Un día los encontraron sin ropa encima de un montón de libros y el judío los sacó a los dos a patadas de ahí. ¿Marica, en serio? El que diga que a Pascualito le gustaban los hombres no sabe las bellezas que me hacía en la cama de mi ex marido cuando se iba a trabajar y si no cuento más es porque aquí hay un montón de chismosos que solo saben hablar mal de la gente. ¡Bueno, bueno sargento Pimienta, deje tanta huevonada y ayúdeme a bajar a este tipo que no lo vamos a dejar aquí colgado a la vista de todo el mundo! Y usted periodista, sí usted, no se haga el pendejo, ¡muévase que aquí no hay nada que ver!


Correo: gustavoagudeloescobar@gmail.com


Foto: http://algoritmo123.blogspot.com/

 


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El artículo anterior hace parte del espacio brindado por Portafolio Cultural para docentes y estudiantes de las diferentes universidades del país, por lo tanto, las opiniones expresadas por los escritores son de su responsabilidad, no representan ideas o pensamientos de Portafolio Cultural, sólo hace parte de la diversidad de opinión y el pluralismo cultural. 



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